sábado, 24 de marzo de 2012

Live the present

Querida yo futura,
Te escribo esta carta con una sonrisa en los labios. Tú me conoces, sabes cuánto he buscado. He probado e investigado tantas veces como cicatrices tiene mi corazón, pero nunca llegaba a encontrarlo. Me sentía atrapada, aquellas alas que tú me enseñaste en alguna ocasión habían desaparecido. Querida, tú sabes lo que quiero. Tú me conoces mejor que nadie. Y quita esa mueca, que sé perfectamente que cara estás poniendo. Es genial, no me importa lo que tú creas. Me hace sentir viva de nuevo, me ha devuelto las alas. Si le dieras una mínima oportunidad te encantaría tanto como a mí. ¿Y sabes? Tiene la sonrisa más bonita que he visto.
Se cuanto te preocupas por mí, pero te prometo que estaré bien. Bueno no, no puedo prometerte eso, vas a tener que confiar en mí por ésta vez. Es cierto que no te he dado demasiadas razones para hacerlo, pero ahora parece todo tan fácil…
Ya echaremos cuentas tú y yo, y te darás cuenta de que no tenías de qué preocuparte. Y ya sabes lo fuerte que soy, mi corazón lo ha aguantado todo. Él le cuidará, estoy más que segura. Nos vemos muy pronto, me muero por que veas mi sonrisa. Sé que te va a encantar.
Con cariño,
Yo presente.

lunes, 19 de marzo de 2012

Fuck ∞

Yo era una soñadora. Creía en el amor eterno, en darlo todo por la persona a la que amo. En desear solamente a una persona el resto de tu vida, en querer la felicidad de esa persona por encima de la mía. Pero nunca llegó a funcionarme del todo. Será la edad, pensaba. Quizás aún no estoy preparada para amar con todo el sentido de dicha palabra. Pero aún me pregunto, ¿merece realmente la pena amar? ¿Y qué hay del famoso siempre? ¿Por qué tendemos a usarle tanto? Si tenemos la suerte de encontrar una persona por la que realmente sentimos algo especial, ¿no es más lógico aprovecharla al máximo? Amarla todos los días que pases a su lado, disfrutar cada minuto con ella…
No preocuparse por lo que ocurrirá, preocuparse por lo que ocurre. Por las caricias de ahora y no por los besos de mañana. Di te quiero cuando lo sientas de verdad, porque es lo que esa persona se merece. Y nada de siempre estaremos juntos ni de infinitos de los que no estamos seguros. Hablar de lo que sentimos hasta en el tuétano de los huesos, de lo que nos sale del corazón. No más mentiras ni promesas que jamás se cumplen. Si me dices que me quieres, dímelo porque lo haces de verdad. Porque te gusta verme sonreír y porque te encantan mis pequeñas virtudes y mis innumerables defectos. Porque te hago feliz aunque nunca me lo hayas pedido y porque quieres besarme cada vez que tengas la oportunidad. No me digas que me querrás siempre, dime que me quieres hoy. Aquí y ahora.


lunes, 5 de marzo de 2012

Summer romance

Para un pueblo como el mío, éste está siendo uno de los veranos más calurosos que recuerdo. Las clases terminaron hace poco más de un mes y la gente pasa los días enteros en la piscina, otros en la playa… Pero yo prefiero malgastar mis días de otra forma, y digo malgastar porque nadie acaba de entender mi amor por la pintura. Hoy técnicamente no es un día diferente al resto, pero hay algo dentro de mí que susurra “sí, hoy es el día”… Cuánto odio esa voz interior.
Me apresuro a guardar los pinceles y demás instrumental en mi bolso y salgo por la puerta de mi pequeña y vieja casa sin prestar atención a lo que dice mi madre. Ya no tenemos demasiada comunicación, he de admitir, desde hace cosa de un verano…
Desde que mi memoria alcanza he pasado los veranos en este pueblo y a pesar de mis 16 años esto sigue sin cambiar. Cuando era más pequeña pasaba los días jugando con mis amigos de aquí, de sol a sol prácticamente… Eran buenos tiempos, no hay duda. Pero nada comparado al verano pasado. Hubo noches de descontrol, cientos de maravillosos recuerdos, muchos labios… Pero ningunos como los suyos. Él era tan… Especial.
Sin darme cuenta he llegado ya al lago del pueblo, que gracias a la hora (creo recordar que al salir de casa eran las nueve) ya no hay ni pescadores ni bañistas. Me apoyo contra el árbol de siempre y preparo el lienzo y los pinceles para plasmar la apuesta de sol que se avecina. El cielo ya empieza a ponerse de color rojizo, pero aun me quedan varios minutos antes del momento que ansío. Y, mientras contemplo como el cielo empieza a sumirse en un mar de fuego, comienzo a llorar. Hoy hace un año exacto que se fue para siempre, que me dejó tirada en este mismo árbol y arrojó todas mis ilusiones al lago. Éste lago me conoce, comparte mis lágrimas. Sé cuánto le duele, él nos vio aquel verano. Vio nuestros besos, brilló antes sus hermosas palabras, veló por nosotros, acompañó nuestras caricias… Desde que he vuelto al pueblo este verano he pasado aquí todas las puestas de sol. He contemplado una y otra vez la misma escena que contemplé aquel día, albergando la esperanza de que él aparezca y me acompañe, de que sujete el pincel junto con mi mano y ambos retratemos como el sol se pone para dejar paso a nuestros labios. Pero nunca sucede, y yo pierdo la esperanza. Me juré que volvería hoy por última vez, como última oportunidad para él y, supongo, para mí misma. Era el momento, el momento en el que yo debía deslizar mi pincel teñido de magenta sobre el lienzo. Mis dedos no respondían a órdenes de mi cerebro pero tampoco se movían a su antojo, seguían los dictados de mi corazón.
El sol desapareció en el horizonte dejando en su lugar un cielo color rosáceo que pronto se convertiría en negro y se llenaría de estrellas. Él no había venido, eso es algo que yo debía asumir. No sabía si estaba preparada para vivir sin esperanzas, pero sabía que podría vivir sin él. Me alejé lentamente de aquel árbol, prometiéndome que no volvería a acercarme nunca más por mucho que me doliese.

Y allí, bajo el cielo estrellado y bajo el árbol que les vio enamorados, yace un lienzo que poco tiene que ver con colores rojos y rosas. Yacen ellos, un día cualquiera de verano, de la mano y caminando cerca del lago. Sin preocupaciones, enamorados y felices, tal y como ella siempre les recordará. Viviendo un sueño que fue una vez, pero que nunca jamás será.

lunes, 27 de febrero de 2012

Me, myself and I.

No es fácil saber cómo son los demás de verdad, pero a veces es mejor pararse a pensar en cómo eres tú, comprendiendo quizá así un poco más al resto del mundo. Entre mis defectos está la inseguridad, el miedo. Siempre necesito darle mil vueltas a la cosas y aún así termino optando por la opción equivocada. Soy muy dura conmigo mismo, y me reprocho muchísimo todos y cada uno de mis errores. Soy celosa y extremadamente negativa, lo cual me suele arrastrar a ser muy depresiva. Por una razón que desconozco tiendo a exagerar cada uno de estos defectos, sin ver siquiera los de la gente que me rodea. Una de mis virtudes, por llamarla de alguna manera, es que soy demasiado inocente. Suelo confiar en todo lo que me dicen, lo cual me ha hecho sufrir bastante a lo largo de mi vida. Pero supongo que precisamente ser buena persona conlleva eso. Conlleva que inevitablemente lo pasarás mal. Soy muy cariñosa en algunas ocasiones y la persona más borde del mundo en muchas otras. Me encanta saber que la gente que me quiere está ahí y suelo ser de las que perdono fácil pero jamás olvido. La música condiciona mi vida y por poco que me conozcas sabes que no puedo vivir un solo día sin escuchar una canción de Rihanna. Me gusta la originalidad, aunque odio destacar sobre el resto de la gente. No soporto que me miren fijamente y soy incapaz de hablar con alguien mirándole a los ojos. No soy de las que pasa de 0 a 100 en un segundo, aunque tengo que decir que a la vez soy impulsiva y experta en improvisar en todo tipo de situaciones. Valoro muchísimo todo lo que tengo, aunque de vez en cuando me sale alguna que otra vena caprichosa. Intento cuidar a lo que más me importa de este mundo, pero siempre creo que no hago todo lo que podría. Tengo todos los objetos que te puedas imaginar de color morado y me encanta añadir cada vez más y más a mi colección. Suelen decirme que soy defensora de lo indefendible y siempre suelo dejar mi opinión muy clara. Soy muy cabezota y me fastidia enormemente reconocer que no tengo razón, aunque también soy una gran experta en lo que se refiere a pedir disculpas. Aunque, después de todo esto, tengo que admitir que tiendo a exagerar todo lo que digo…


domingo, 19 de febrero de 2012

Lo bueno no te lo puede quitar nadie

Nadie dijo que el amor fuera fácil. O espera sí, sí nos lo dijeron. Desde pequeños nos hacían creer que el amor es sencillo, que nos hace volar y sentir que podemos tocar la felicidad con la punta de los dedos. Éramos pequeños y lo creíamos, pero admitamos que cuando somos mayores seguimos teniendo la esperanza de que esto sea verdad.
El amor es una de las mejores experiencias que hay, estoy segura. Pero también estoy segura de que hacer paracaidismo es mucho más seguro que enamorarse. Al menos tienes un paracaídas que con solo tirar de una anilla te rescata de una muerte segura. Pero ¿y el amor? ¿Dónde está la anilla? No la hay, el amor es peligroso. Peligroso, complicado y extremadamente frágil. De la misma forma que vino puede irse sin que se pueda evitar. Es cierto que cuidar el amor es importante, pero en ocasiones no basta con eso y lo perdemos todo. Y duele…
El desamor, cuantos escritores han intentado hablar de él. Tantas metáforas, tantas fábulas, tantas advertencias… Y ninguna de ellas vale una mierda. Una ruptura no se puede explicar con palabras, es algo que se siente. Algo que te raja el alma, que te quita la respiración, que te consume poco a poco la vida… Pero se puede superar, porque lo bueno que tiene el desamor es que sí hay una anilla que nos rescata: el tiempo.
¿Cuál es el sentido de todo esto? Ni yo misma lo sé, el desamor es un tema que siempre se me escapa de las manos a pesar de haberlo vivido. Recuerdo cada uno de los momentos de aquellos meses de soledad. Cada noche en vela, cada recuerdo que no me abandonaba, cada sonrisa sustituida por lágrimas. También recuerdo hacerme fuerte, luchadora. Aprender a vivir mi vida de nuevo, comenzarlo todo de cero. Pero, ahora que ya hace mucho tiempo de aquel dolor, me siento orgullosa de haber aprendido una valiosa lección: Nada es para siempre. El amor nos hace madurar como personas. Cada mala experiencia nos prepara para la vida, pero ¿y las buenas? Porque aunque luego haya dolor, el amor es algo maravilloso…
No recuerdes lo malo, recuerda los buenos momentos que te hicieron feliz. Continúa tu vida, sonríe y cuando mires atrás no olvides una cosa: Te quiso y eso no te lo va a quitar nadie.


domingo, 5 de febrero de 2012

Sinceridad ante todo

Te advertiré algo, algo en lo que yo me he equivocado infinidad de veces. No es un consejo aplicable a todos, por supuesto, sigue leyendo solamente si eres idiota e ingenuo. ¿Estás listo? Allá va.
Sé egoísta. Ese es el secreto de todo, el que te llevará a la felicidad. Ni más, ni menos. Llegado este punto de mi vida me he dado cuenta de que el egoísmo no es tan malo como nos obligamos a creer. A veces hay que abusar de él, sobre todo si eres como yo. Si vives por y para los demás, si te conformas con la mitad de lo que deseas. Y además, siendo sinceros, ¿no somos un poco hipócritas al criticar el egoísmo? En realidad todos somos animales que se rigen por el deseo, no somos más que ese ello en el fondo de nuestras mentes. Y esa parte de la mente es egoísta, así como nosotros también lo somos. Y debemos aceptarlo, dejar todos esos prejuicios y tópicos atrás. Y ¿sabes? Te daré otro consejo: Lucha por lo que realmente te hace feliz. Por lo que te hace estar cómodo en tu vida, por lo que te anima a levantarte día a día de la cama.
Desde que era pequeña mi madre siempre me repetía la misma frase, una y otra vez. “Lucha por lo que quieres-decía-lucha por lo que realmente quieres”. Y ahora veo cuánta razón tenía. Nunca dejes de luchar por lo que quieres, nunca te resignes, nunca pierdas la esperanza. Nunca digas me rindo



jueves, 19 de enero de 2012

Volar

Soñé que volaba. Volaba por encima de la ciudad, de las personas.  De los coches, de los semáforos y de los insultos. De las parejas que se besan, de las madres que pasean con sus hijos. Por encima de los problemas. Y no recuerdo haber sido tan feliz jamás. Dueña de mi vida, de mis actos. Que si me hubiera apetecido irme a Londres volando, cojo y vuelo, sin pensarlo. Pero no me apetecía, solo quería volar. Sentirme como Superman antes de salvar la ciudad. Libre. Sin nadie que me prohíba, que me ordene o me someta. De pronto, al intentar atravesar una nube caigo al vacío. Me siento angustiada, un terrible dolor me atraviesa el pecho. Quiero caer ya y estamparme contra algún coche, me duele que sea la gravedad quien me controle. Antes de tocar el suelo despierto en mi cama bañada en sudor. Intento centrar la vista y entender que acaba de pasar. Era solo un sueño, uno maravilloso. Entiendo que se ha acabado, que no puedo volar. Que no podré sentir nunca esa sensación del aire golpeando mi cara, ni sentir que mis manos controlan la dirección de mi vuelo. Lo asimilo y comienzo a sollozar. Me siento como un bebé recién nacido que llora al salir del útero de su madre. Ya no tengo la protección que el sueño me proporcionaba, ahora mismo no tengo nada. Solo tengo mi vida, la dolorosa vida real. Llena de sueños no realizados y de planes que nunca se realizarán. Llena de esperanzas imposibles de hacer realidad, y de sufrimiento. Ya no puedo volar, solo caigo. Caigo al inevitable vacio que es la existencia.
Miro el reloj, sé que es hora de volver a la completa realidad. De volver a sentir como caigo desde las nubes. De sentir esa horrible presión en el pecho… Pero lo asimilo y me levanto. Me miro al espejo y veo que soy igual que siempre, la misma persona que se puso el pijama y se metió en la cama anoche. Y ahora, mientras me preparo para mi interminable día solo pienso en que éste acabe. En volver a meterme en la cama y soñar con volar, con Superman y con que tengo mi vida en mis manos. Soñar con que yo decido qué hacer con ella. Soñar con ser feliz.